
El 16 de mayo de 2026 Jorge Valdano publicó un nuevo artículo sobre la actualidad futbolística en el periódico español El País. Aunque ya puedes leer el texto completo en la web del periódico, te dejamos aquí el artículo:
La ética según Mbappé
El francés se ha convertido en responsable de las derrotas del Madrid (por estar) y de los triunfos del PSG (por no estar).
Como EL PAÍS no tolera crónicas deportivas de boxeo, voy a regatear el Tchouameni versus Valverde. Lo salvaré por elevación.
La ética sigue siendo un gran caballo de batalla, pero no da pruebas fehacientes de practicidad en ningún ámbito. Pasó de moda la pobre. En el fútbol tampoco parece dar resultado. En el Arsenal-Atlético, la desaparición de los balones fue un arma táctica más al final del partido. La idea no es mala. Si uno no quiere que ocurran cosas, qué mejor que hurtar el balón. También el Atlético emplea este truco cuando le conviene, de manera que carece de autoridad para quejarse.
Como la ética ya es de goma, la adaptamos a las circunstancias. Hay una ética para ganadores y otra para perdedores. Mbappé se convirtió en una unidad de medida en la última semana. Responsable de las derrotas del Madrid (por estar) y de los triunfos del PSG (por no estar).
Un viaje a Cerdeña muy visible con su pareja (la palabra discreción tiene aún peor vida que la palabra ética), en medio de la crisis de resultados del club, agrandó la percepción y lo condenó ante una opinión pública indignada y, supongo, un poco envidiosa. Si todos estamos sufriendo, qué hace ese tío en Cerdeña cuando debería estar sobre una piedra sacrificial. El cargo futbolístico es el siguiente: estamos ante un gran talento individual, pero desconectado del colectivo.
La figura del futbolista moderno desata las fantasías. Juventud, dinero, fama, las mujeres más lindas, las vacaciones más lujosas… Si cumple, estamos dispuestos a perdonarle todo. Pero si no cumple, el reproche está cantado: cómo puede quererlo todo y no dar lo suficiente. El héroe victorioso puede celebrar, pero en la derrota hay que hacer penitencia.
No es nuevo. A Lionel Messi se le hizo responsable de 20 años de derrotas de la selección argentina. Perdía en la comparación con Maradona, no cantaba el himno, se entendía que su falta de expresividad tenía que ver con una falta de compromiso. Bastó con que ganara dos Copas América y un Mundial para que se convirtiera en el líder sereno que necesitaba no solo la selección, sino el país entero. Ponemos sobre estos jugadores una carga futbolística y moral insoportable.
Lo que subyace en todo esto es una vieja fórmula que el fútbol siempre ha consagrado: buscarle culpables simples a crisis complejas. En el Madrid, el problema no es la siempre difícil transición ni el mal diseño de la plantilla ni la poca autoridad de los entrenadores ni la presión insoportable que sufren los jugadores, tampoco si se lían a tortas. El problema es Mbappé, que, por cierto, se cansa de meter goles.
Al tiempo, Francia celebra que el PSG haya aprendido a ser un equipo tras la marcha de Mbappé. Se convierte la búsqueda de la excelencia tras un largo proceso institucional, táctico y emocional, en una narrativa de fácil consumo: “El PSG gana porque se fue su estrella y todos corren”. Ganar un Mundial y quedarse a las puertas de otro parece no contar. Cuanto más extraordinario es alguien, más deseo de verlo caer.
La final de Champions entre Arsenal y PSG, dos obras de grandes entrenadores, consagra un nuevo prestigio asociado a los “equipos corales”, tras años en los que el fútbol fue dominado por marcas personales “galácticas”.
El Madrid juega contra el Barça, que le espera con un objetivo: ser campeón de Liga. El Real Madrid juega por la dignidad. Su triunfo moral será demorar el festejo del rival. ¿Y cuál será el papel de Mbappé en esa pugna futbolística y en esa obra de teatro en la que subyace el compromiso ético? No puedo contestar. Porque será una si el Madrid gana y otra si el Madrid pierde. La ética no será práctica, pero el fútbol sí.20