
El 16 de mayo de 2026 Jorge Valdano publicó un nuevo artículo sobre la actualidad futbolística en el periódico español El País. Aunque ya puedes leer el texto completo en la web del periódico, te dejamos aquí el artículo:
El poder no necesita micrófono
Florentino Pérez no necesita disparar ningún tiro para seguir en la presidencia, y puede estar tranquilo, nadie le va a robar el club a los socios.
Florentino parecía a gusto mostrando su furia ante los micrófonos. Indignado por los rumores que afeaban su salud, se mostró en público como nunca antes. Como era de esperar, su discurso se viralizó y politizó.
Sé muy bien qué Real Madrid se encontró Florentino Pérez hace 26 años y la fuerza titánica con la que recondujo al club. Y sé, como todos, el reconocimiento global que hoy tiene el Madrid. Su legado es indiscutible en lo futbolístico y en lo institucional: títulos, obras, ingresos, reputación internacional… No tiene que hacer ningún esfuerzo para que se le reconozca. De eso se ocupará el tiempo.
Por eso su comparecencia resultó innecesaria. También el anuncio de unas nuevas elecciones, cuando aún le quedan casi tres años de mandato. Florentino, que conoce como nadie a los socios del Madrid, sabe que sus votos los tiene asegurados. Es más, no conozco a ningún madridista que no esté preocupado por el sucesor de Florentino cuando llegue el momento.
El Madrid representa el poder y, no nos engañemos, Florentino Pérez también. Esa idea ya está instalada en la sociedad y no necesita subrayados. Comparecer para exhibir músculo empresarial y presumir de logros futbolísticos, es una muestra de debilidad desconcertante en un hombre tan poderoso.
La idiosincrasia misma del fútbol, tierra de pasiones, es exagerada. Y el Madrid es beneficiario y víctima de esos viajes hacia los extremos. Se exageran sus méritos cuando gana y sus deméritos cuando pierde. Nada más natural. El club administra los hechos y el periodismo, las palabras. Salir a combatir con palabras cuando los hechos no alcanzan es una mala idea. Sobre todo, cuando lo que sobran son éxitos para exhibir. Títulos que provocan altísimas expectativas, implícitas en su grandeza e inseparables de la historia.
El caso Negreira, un escándalo mayúsculo, no basta para afirmar que al Madrid le robaron siete ligas en los últimos años. Ni que este año le robaron 17 puntos, 3 más que los 14 que hoy le separan del Barça. Los últimos enfrentamientos entre ambos marcaron una diferencia futbolística coherente con lo que refleja la clasificación. En el fútbol las discusiones se ganan en el campo. Y, cuando se pierde, se da la mano como dice el viejo himno. Y se pone el orgullo al servicio de la próxima oportunidad.
Es cierto que un vestuario sale a pelea por año, como mínimo. Lo difícil de comprender es cómo la alerta temprana de una discusión que se prolongó durante dos días, no encontró a nadie capaz de detenerla. Esa indiferencia colectiva, esa ausencia de liderazgo, que permitió que el conflicto creciera, revela más sobre estos dos años sin grandes títulos que cualquier comunicado. Porque la fortaleza de un grupo se sostiene en la amistad y en la camaradería. Jugar al lado de alguien en quien se confía, hace más fuerte a cualquier equipo.
En la segunda oportunidad que tuvo para explicarse, esta vez en La Sexta y con clara intención de minimizar daños, Florentino apareció más sereno. Pero a la pregunta sobre cómo había digerido las críticas por su comparecencia, señaló a su teléfono y respondió que solo había recibido mensajes de felicitación. Probablemente, esos aduladores que lo sacan de la realidad a cambio de un asiento en el palco sean su principal problema.
A Florentino Pérez no le hace falta disparar ningún tiro para seguir en la presidencia. Y puede estar tranquilo: nadie le va a robar el club a los socios. Para eso está la historia, los estatutos y el gran Madrid que él mismo supo construir.