Jorge Valdano presenta su último artículo, “Zidane”, escrito en especial para esta web.
Podéis leer el texto completo debajo de estas líneas:

El Real Madrid gana y nadie necesita saber por qué. La felicidad no precisa de un relato que la sustente, como lo demuestra esa alegría comunitaria que lo mismo llena Cibeles que el Bernabeu para entregarse a sus héroes. Pero estamos ante un problema: no logramos encontrarle nombre a este éxito ya indiscutible que está marcando una época.

El Real Madrid juega bien y tampoco nadie sabe por qué. Aquí el desconcierto tiene que ver con la variedad: el Madrid juega bien y hasta muy bien de muchas maneras distintas. Tampoco por ese lado resulta fácil encontrarle una definición a este fenómeno paranormal.

El Milan era el de Sacchi y el Barcelona era el de Guardiola. ¿Por qué no el Madrid de Zidane? Porque Zidane es el problema. Estamos ante un hombre tranquilo que le devolvió el poder a los jugadores. Y no el poder de sentirse a gusto con la gestión humana y honesta del entrenador, como se señala con cierta mala baba. Es mucho más complejo y mucho más simple a la vez: les devolvió el poder de pensar.

El Real Madrid de estos días no cabe en una pizarra. Esa es la clave de su diversidad. Esto se ha llenado de entrenadores que son creadores de métodos muy estrictos, y que se sienten felices cuando sus equipos hacen aquello que entrenaron incansablemente. Hay mucho mérito intelectual en todo eso, pero la obra final tiene un defecto: cabe en la cabeza de un solo hombre, la del entrenador. Pero cuando un equipo de grandes talentos tiene permiso para pensar de un modo responsable, y el compromiso de jugar con la seriedad con la que juegan los niños, el resultado es imprevisible y llega mucho más lejos de lo que el entrenador pueda pensar.

Zidane es simple sabiendo mucho. Seguramente es más sabio de lo que él se imagina. Y de ese conocimiento enciclopédico que demostró con un balón en los pies, se quedó con lo esencial. No se pierde en detalles insignificantes. Y lo esencial es que el fútbol le pertenece a hombres que juegan y que llegaron al máximo nivel porque tienen una gran inteligencia natural. A ese talento hay que llenarlo de confianza, no de órdenes.

No quiero extenderme más porque sino el artículo dejaría de ser un elogio a la simplicidad bien entendida. En el mundo de los juegos, como en el arte, al método hay que ponerle límites. Gloria a Zidane, un revolucionario antiguo que le devolvió la pelota a los jugadores.