Jorge Valdano presenta su último artículo, “Un nuevo tipo de crack”, escrito en especial para esta web.
Podéis leer el texto completo debajo de estas líneas:

Las grandes figuras no quieren correr por la misma razón por la que los ricos no quieren pagar impuestos: no lo creen justo. Así como los gobernantes tienen que empujar a los ricos hacia una solidaridad distributiva, en el fútbol son los entrenadores los que deben convencer a las figuras para que muevan el culo un poco más. Cuesta mucho en los dos casos.

Centrémonos en el fútbol. ¿Deben los cracks correr mucho? El crack resuelve partidos con una técnica e imaginación asombrosas. Esos milagros se hacen mejor estando descansado que cansado. Por mi parte, la pregunta queda contestada. Pero se me ocurre una pregunta más: ¿cuánto peligro tiene que crear un crack para ser considerado crack?

Hubo un tiempo en que correr desprestigiaba. En España fue conocida y festejada la frase “correr es de cobardes”. En Argentina aún se recuerda la definición de Bochini (un talento superior) sobre Johan Cruyff: “corre mucho, pero juega bien”. Correr demasiado te convertía en sospechoso. El tiempo fue tachando primero de “romántica”, después de “frívola” y finalmente de “irresponsable” esta fascinación por la vagancia. Solo los entrenadores con convicciones muy firmes sobre la eficacia del talento se animaban a contratar a jugadores que, como Romario, marcaban más goles que los kilómetros que corrían. Era un genio del área, pero dejaba al equipo con uno menos cuando el rival tenía la pelota. Cruyff se animaba a apostar por el talento; a otros entrenadores les daba miedo. Seguramente, porque Johan se imaginaba los partidos con la pelota en su poder y los otros se lo daban al rival hasta en la pizarra.

De Agüero se dijo que era un pichón de Romario. Guardiola, que es un Cruyff 3.0, pretende que además de jugar, presione y se desmarque. Agüero lo hace, pero choca con un problema de difícil solución: cuanto más corre pierde claridad y, por supuesto, precisión. Los delanteros que llegan cansados al tiro final son una escopeta de feria, pero los que no corren solo dejan de ser sospechosos si llegan al grado de genios.

También el Real Madrid tiene ese debate abierto con la BBC, un seguro de gol y de espectáculo, pero con un inconveniente: los tres juntos crean un peligroso desequilibrio si no se ponen en modo solidario. El Barça también ocupa el frente de ataque con tres hombres y desde que el equipo perdió estabilidad se abrió el debate. Otra pregunta, entonces: ¿cuántos jugadores con privilegios de crack caben en una plantilla? Tal y como están las cosas, me temo que solo uno (en el Madrid se llama Cristiano y en el Barça Messi), siempre que sean capaces de tapar con muchos goles cualquier polémica sobre kilómetros corridos.

La teoría del crack contemplativo empieza a quedar desfasada y el ejemplo que se impone se llama Griezmann. Un delantero de toda la cancha que juega y hace jugar, que genera ocasiones y marca goles, que sale de los problemas con criterio y precisión en velocidad y que, además, cumple con las obligaciones con la obediencia de un soldado. De un soldado del General Simeone, nada menos. Quizás este caballo que sirve para paseo y para batalla  sea la nueva manera de ser crack.